Con la llegada del año nuevo, muchas personas aprovechamos para definir nuevos propósitos e intenciones, las más habituales están relacionadas con la salud, las relaciones interpersonales y el desarrollo profesional: hacer más deporte, tener más tiempo para mí, iniciar una dieta, aprender un nuevo idioma, viajar, tocar un instrumento de música, cambiar a un mejor trabajo, iniciar nuevas amistades,…  

Empezamos el año con muy buenos propósitos, pero la mayoría de ellos no llegan a realizarse, quedando, con el paso de los días y semanas, en el olvido o en el cajón de pendientes.  Quizás si observamos la naturaleza, podemos inspirarnos para hacer un buen cierre del año y abrirnos al nuevo ciclo anual donde lograr nuestros objetivos…

Estoy apunto de cumplir mi segundo año viviendo fuera de la ciudad. Pisar la tierra cada día, tener un horizonte verde frente a mi y vivir la naturaleza en su estado puro, me ha permitido reconectar con una renovada mirada los ciclos anuales, conectando con la cualidad diversa de cada una de las cuatro estaciones del año. Este otoño ha sido muy especial para mi, y me he enamorado de nuevo de la cromática verde-amarillo-naranja-rojo que nos regala la llegada del frío en el mundo vegetal.

La naturaleza se prepara para el invierno soltando las hojas y reduciendo las actividades vitales para vivir estos meses de frío con las reservas almacenadas en la primavera y verano, reservas que permitirán sostener la vida de la planta hasta que las condiciones externas favorezcan la reactivación y renacer con la llegada de la nueva primavera. También yo me he dejado sumergir por un otoño consciente, donde soltar y depurar lo que ya no se precisa, para entrar más ligera a la fase de recogimiento que el invierno nos ofrece.

Cuando vivía en la ciudad, asociaba el invierno al frío, al chocolate caliente, al calor del abrigo de una manta, a la cocina de cocción lenta para dar energía calórica al cuerpo. Ahora en el campo, en la armonía de la naturaleza, me siento invitada a un recogimiento más profundo, donde revisar lo acontecido en el año y abrirme a la pausa, al descanso que me permita escuchar el llamado de mi ser interior, para definir los propósitos para el próximo ciclo solar.

El cambio de ciclo anual es un magnífico momento que invita a la observación de lo que ha aportado el año, de lo que ha sucedido, del que me ha sorprendido y de lo que ha quedado pendiente a nivel personal, profesional, familiar, social, … 

La cualidad del invierno nos dispone a la pausa, a  observar lo vivido y permitir que resuene dentro y nos traiga los aprendizajes del ciclo que se cierra.

¿Puedo abrazar lo acontecido este año
desde mi corazón y en un estado de paz?

La reflexión en torno a esta cuestión es para mi una de las claves para tener una vivencia más consciente del momento presente. ¿Necesito que algo sea distinto en mi vida? ¿hago algo para cambiar lo que no me gusta? ¿Me acomodo en lo que la vida me va aportando, o soy arquitecta de mi vida?

Tomar conciencia de lo vivido en el ciclo que se cierra, nos puede ayudar a emprender el nuevo año con la intención clara en lo que queremos en nuestras vidas, y enfocar nuestras acciones para que nuestros propósitos se manifiesten y sucedan en el nuevo ciclo anual que iniciamos en breve.

Hace unos días entramos en el invierno y ya hemos entrado al 2022. Sea como fuere que cerraste el año, estos días de enero son excelentes para enfocar nuestros propósitos para este nuevo ciclo solar. 

Te invito a participar en el Taller Enfoca tus propósitos para el 2022 con las flores de Bach. En este taller, definirás un propósito para el 2022, identificarás las dificultades más habituales para el desarrollo de tus propósitos, y las flores de Bach que podemos usar para superar los estados emocionales relacionados con ellas, y diseñarás los primeros pasos de tu estratégia para materializar tu propósito en el 2022.